Cada lugar marcó una etapa, cada etapa dejó una lección
La vida de Olguita no puede entenderse sin los lugares que la marcaron. De la aldea de montaña a la ciudad industrial, del frío suizo al barrio obrero de Gijón. Cuatro escenarios, cuatro etapas, una misma mujer.
Pola de Allande, Asturias · 1940–1960s
Un pueblo de cinco casas en las montañas del occidente asturiano, en el concejo de Pola de Allande. Tejados de pizarra aferrados a la pendiente, dos riachuelos compartiendo el rumor del agua, y una forma de vida que no había cambiado en siglos. Sin luz eléctrica, sin agua corriente, sin carreteras transitables. La llariega —el hogar en el suelo de la cocina— como centro del mundo.
Allí nació Olguita el 26 de marzo de 1940. Allí aprendió a coser, a callar, a sobrevivir. Y allí comenzó a entender que la dignidad no se negocia aunque todo lo demás falte.
Contexto: La Asturias rural de posguerra era un mundo de autarquía y aislamiento. Las familias sobrevivían con economía de subsistencia: cestería, telares, pequeña ganadería y jornal temporal. La emigración a las ciudades industriales y al extranjero fue la única salida para una generación entera.
En 2013, Olguita volvió a Aguanes por primera vez desde que se fue de niña. Guió a su familia por los caminos que conocía de memoria, señaló la casa que ya no era suya, y lloró en silencio delante de las ruinas de lo que una vez fue su mundo.
Asturias · 1960s
Nubledo es un pequeño pueblo del concejo de Corvera, a pocos kilómetros de Avilés. Fue en el entorno de Avilés —la gran ciudad industrial asturiana— donde Olguita vivió su primera vida adulta y donde encontró a Eduardo.
Avilés era en los años 60 el símbolo del desarrollismo franquista: ENSIDESA, la gran fábrica siderúrgica, atraía trabajadores de toda España con la promesa de un salario fijo. El humo, el trabajo, la modernidad a medias. Y también la posibilidad de otra vida, de otro mundo fuera de la aldea.
Fue en Nubledo donde Eduardo y Olguita se conocieron. «Por primera vez alguien me miraba sin juzgarme», recuerda ella.
Contexto: Los años 60 trajeron industrialización acelerada a Asturias. ENSIDESA transformó Avilés con humo y trabajo. El desarrollismo franquista cambiaba el paisaje y los modos de vida de una generación que pasó del campo a la fábrica en poco tiempo.
Cantón de Basilea, Suiza · 1968–1971
En 1968, Olguita y Eduardo tomaron la decisión más difícil de sus vidas: emigrar a Suiza. Fueron a Therwil, un municipio del cantón de Basilea-Campo, donde trabajaron durante tres años en el sector hostelero. Doce horas al día, seis días a la semana. Días libres que no siempre coincidían. El frío suizo, la distancia, la soledad.
Pero también la disciplina, el ahorro convertido en meta, y la certeza creciente de que su trabajo valía. Volvieron con el dinero suficiente para comprar un piso en Gijón al contado. Ese piso fue el símbolo de todo lo que habían sacrificado y todo lo que habían ganado.
Contexto: Entre 1960 y 1975, más de 100.000 españoles emigraron a Suiza. Los convenios bilaterales organizaban el flujo: España necesitaba divisas, Suiza necesitaba mano de obra. El estatuto de "trabajador temporal" les impedía traer a sus familias e integrarse plenamente.
En 2025, Olguita volvió a Suiza. Se detuvo delante del hotel donde había trabajado 55 años antes e indicó cuál había sido su habitación. El edificio seguía en pie. Ella también.
Asturias · 1971–presente
El barrio obrero por excelencia de Gijón. Allí se instalaron Olguita y Eduardo al volver de Suiza, en el piso de la Calle Rosalía que habían comprado con el dinero de tres años de emigración. Allí nació Samuel en 1972. Allí transcurrió la mayor parte de la vida adulta de Olguita.
El Llano tenía —y tiene— un carácter propio: mercado, bares donde la gente se conoce, una identidad que no necesita ser explicada porque se vive. Para Olguita era también el lugar de la normalidad conquistada: un piso propio, una familia, una vida que ya no dependía de nadie.
Fue también el barrio donde Eduardo enfermó y murió en 2014, donde Olguita aprendió a vivir sin él, y donde sigue hoy rodeada de sus nietas, su bisnieto Manuel, y todo lo que construyó.
Contexto: El Llano era el corazón obrero de Gijón en los años 70 y 80. Trabajadores de comercios, Ensidesa, el puerto y múltiples empresas de la ciudad. La Transición se vivió desde balcones que daban a manifestaciones. La reconversión industrial de los 80 golpeó duro, pero la identidad del barrio resistió.